La Federación Yakaar Niani Wulli fue la primera organización senegalesa en producir algodón orgánico y de comercio justo; creada en 1997 con el apoyo de Enda Pronat, cuenta actualmente con cerca de 2.000 agricultores en 85 aldeas del Departamento de Tamba.
En las tierras de Niani y Wulli los residentes se organizan para mejorar sus ingresos mediante la transformación de su propio algodón orgánico en productos textiles utilizando conocimientos tradicionales de hilado, teñido, tejido y costura.
Las Sabanas africanas son el hogar de variada fauna y flora, el monocultivo del algodón con el uso masivo de pesticidas y de alto consumo de agua representa la mayor amenaza para esta biodiversidad. Los agricultores cultivan el algodón en secano, sin pesticidas y herbicidas y para oxigenar la tierra, practican la rotación con otros cultivos de alimentos básicos como el maíz, la soja o el maní, de esta forma se consigue armonizar la agricultura y la naturaleza, contribuir al mantenimiento del ecosistema, y reducir los efectos negativos sobre los seres humanos y el medioambiente.
Junto a la reactivación económica y la conservación ambiental, el proyecto ha contribuido a mejorar la salud de la población local y la incorporación de las mujeres al mercado laboral.
Junto a la reactivación económica y la conservación ambiental, el proyecto ha contribuido a mejorar la salud de la población local y la incorporación de las mujeres al mercado laboral.
Se han recuperado trabajos como el de los hilanderos que fue desapareciendo a pesar de ser una buena fuente de empleo.
La hilatura manual es un proceso lento que lleva más de 100 horas de trabajo para producir un kilo de 'ngessé' (hilo fino) con la rueca, esta actividad permite a las mujeres poder supervisar a los niños mientras trabajan. Los tejedores producen cuatro tipos de hilados en telares tradicionales.
La fundación ha recuperado el tinte del añil natural, la extracción de las hojas de la planta requiere no sólo de habilidades sino también de iniciación ritual; la recolección, secado y maceración en el agua siempre se lleva a cabo con el acompañamiento de ritos y cánticos que varían de acuerdo con el uso de la tela. La tela blanca se convierte poco a poco en el color del cielo azul claro que se va oscureciendo hasta volverse color azul de medianoche.
Cada baño de tinte es único dependiendo del ciclo de la luna, la edad de la planta, el tiempo en que las hojas fueron recogidas y de si secan al sol o sombra, por lo que dan un color único a cada pieza teñida. Actualmente 10 pueblos han mejorado su producción de índigo introduciendo cuatro nuevos colores naturales, marrón, verde, amarillo y rojo.
Unos de los objetivos prioritarios de la fundación es fomentar el proceso más allá de la producción y cultivo, situando como valor añadido la ejecución artesanal.
Profesiones que los jóvenes ya no sabían, están volviendo a ser comunes en los pueblos de Makanding, Saraba counda, Diabou, Mboulémbou, Vélingara coto, Kolibantan, Yéro Dondé, Sita kuru, etc.
La Federación es miembro de la Asociación de productores de semillas campesinas de Senegal (ASPSP), de la Federación Nacional de Productores biológicos (FENAB) y de la Red nacional de mujeres rurales (RNFR). Posee el Certificado orgánico por Eco-Cert en 1997 y Certificado de Comercio Justo FLO-Cert desde 2005.






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